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I. Presentación

Por Esteban Valle Riestra.1

Las estudios realizados por la CEPAL durante el año 2020 presentaban al Perú como uno de los países cuya economía sería duramente golpeada por la propagación del virus COVID-19. Las medidas de confinamiento adoptadas a nivel global afectaron la cadena de suministros de diversas actividades productivas, provocaron la fluctuación de los precios de los bienes primarios e incitaron una elevada volatilidad en los mercados financieros. Tras decretarse la emergencia sanitaria, las empresas dedicadas a la minería y los hidrocarburos en el país fueron obligadas a paralizar o restringir sus operaciones al desarrollo de tareas esenciales a fin de evitar la multiplicación de los contagios. Estas acciones estuvieron acompañadas de súbitas variaciones en la cotización de los minerales, del barril de petróleo y gas natural. En ese contexto, era de esperar que el sector extractivo sufra una contracción y su aporte fiscal disminuya de manera significativa, lo cual a su vez afectaría las transferencias de recursos a las regiones por el concepto de canon y regalías. Esta combinación de factores produciría una caída de -13 % del PBI nacional según el organismo internacional2.

Pero es posible notar a la distancia que la crisis no se habría manifestado en la magnitud esperada ni de manera homogénea en el plano económico. De acuerdo al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)3, si bien las actividades vinculadas a la prestación de servicios -entre ellas el turismo y transporte- registraron las mayores caídas a raíz de la pandemia, la exportación de minerales pudo reanudarse y alcanzar resultados aceptables al final del año. La variable que propiciaría una rápida recuperación económica en Perú es el signo alentador que muestra la cotización de los principales commodities a partir de la reactivación de la demanda de las principales economías emergentes del mundo. Sumado a ello, en el mediano plazo la transición energética y la inversión en proyectos de infraestructura verde mantendrían en niveles altos los precios de los metales industriales, aunque presionarán a la baja los precios del petróleo y gas. Así, CEPAL proyectó una la tasa de crecimiento para el 2021 de 9.5 % y de 4.4 % para el 2022; la segunda estimación más alta para América Latina y el Caribe4.

El sector extractivo jugará un rol protagónico en la recuperación económica del Perú, pero es temprano para determinar si nos encontramos en un momento bisagra previo un nuevo ciclo de explotación intensiva de las materias primas y disminución progresiva de los combustibles fósiles en las próximas décadas. Ante este escenario, como Grupo Propuesta Ciudadana (GPC), consideramos necesario analizar las tendencias mostradas por el sector extractivo peruano durante la pandemia con el fin de anticipar los términos de la reactivación económica y prever su evolución en el futuro inmediato a la luz de los cambios en los mercados internacionales. En el presente Reporte Nacional N° 25 de Vigilancia de las Industrias Extractivas (Balance 2020), ofrecemos información respecto a la evolución de los principales indicadores económicos de los sectores minero e hidrocarburífero, así como de la distribución de la renta extractiva hacia los gobiernos regionales y locales.

La pandemia será recordada como un evento disruptivo sin precedentes que aceleró en algunos casos los procesos que venían siendo observados en el sector extractivo. En relación a la minería, luego de una caída profunda de los precios de los minerales durante el segundo trimestre del 2020, pudo advertirse una recuperación sostenida del valor del cobre, que alcanzaría pronto valores récord por encima de los US$ 4 por libra. Este escenario auspicioso compensó la pérdida de los volúmenes de producción que resultó de la paralización momentánea de las actividades, haciendo posible que el PBI del sector ascienda a S/ 42 mil millones en 2020; una cifra que supuso un retroceso de 14 % respecto al año anterior, pero que supera la de años previos al 2015.

El desempeño de las empresas del sector minero fue pobre durante este periodo, lo cual trajo como consecuencia que el aporte de esta actividad a los tributos internos llegara a S/ 5,908 millones, 26 % menos que en 2019. Sin embargo, empresas importantes como Southern y Cerro verde reportaron grandes utilidades al final del año, siendo éstas en el primer caso superiores a las logradas en los dos años previos. Hacia el futuro, la entrada en operación de los proyectos mineros Quellaveco, en Moquegua, de la empresa minera Anglo American, y Mina Justa, en Ica, de la empresa Marcobre, que suman una inversión de US$ 6,900 millones, auguran la consolidación del cobre como principal mineral de exportación y del sur peruano como área clave en su producción. Pese a ello, preocupa la caída de los niveles de inversión, de manera especial en el rubro Exploración, que venía mostrando niveles en descenso.

En el caso de los hidrocarburos, el aporte fiscal de este sector bajó a S/ 1,754 millones en 2020 37 % menos que el año anterior. La caída de la demanda de combustibles a nivel global durante la pandemia redujo la cotización de los hidrocarburos a un tercio de su valor al final del año; en el caso del barril de crudo, la interrupción de las cadenas logísticas llevó su precio a reportar valores negativos. Ello acentuó la decadencia de la producción de petróleo que se venía observando en el Perú, especialmente en la selva norte: la producción se redujo a solo 43 mil barriles por día en 2020, habiendo sido casi el doble 20 años atrás. En el caso de la producción de Gas Natural (GN) y Líquidos de Gas Natural (LGN), que ha llegado a eclipsar la producción de petróleo de manera reciente, ésta sufrió una caída leve. En este escenario, la inversión en el desarrollo y exploración de nuevos pozos, que venía menguando a lo largo de la década, cayó a US$ 185 millones, un nivel que no se veía desde principios del siglo.

El desempeño de ambas actividades afectó en consecuencia el volumen de transferencias de renta extractiva recibidas por los gobiernos subnacionales. En el 2020, éstas sumaron un total de S/ 5,966 millones, lo cual representa una reducción de 16 % comparado con el 2019. Pero la reducción de los ingresos para las regiones no habría sido de la magnitud esperada inicialmente, en tanto el monto supera aquellos recibidos en el periodo 2015-2017, que se dieron en su momento por una combinación de bajos precios y volúmenes de producción. Las regiones de Cusco, Áncash, Arequipa concentraron la mitad del total transferido. Visto a través del tiempo, es posible notar la progresiva consolidación de las regalías mineras y del canon minero como las fuentes que acaparan la mayor porción del origen de las transferencias acreditadas de la renta extractiva. Tanto en el 2019 como en el 2020 la regalía minera superó al canon gasífero, pasando a ser el segundo recurso más importante.

La publicación del Reporte Nacional N° 25 de Vigilancia de las Industrias Extractivas (Balance 2020) es posible gracias al apoyo de Natural Resource Governance Institute y de Oxfam en Perú.

Generación de la Renta Minera y de Hidrocarburos


1 Politólogo. Coordinador del programa de Industrias Extractivas, Grupo Propuesta Ciudadana.
2 CEPAL. (15 de julio del 2020). Enfrentar los efectos cada vez mayores del COVID-19 para una reactivación con igualdad: nuevas proyecciones. Informe especial COVID-19, N° 5. Recuperado de https://www.cepal.org/es/publicaciones/45782-enfrentar-efectos-cada-vez-mayores-covid-19-reactivacion-igualdad-nuevas
3 MEF (2021). Marco Macroeconómico Multianual 2022 – 2025. https://www.mef.gob.pe/contenidos/pol_econ/marco_macro/MMM_2022_2025.pdf
4 CEPAL (8 de julio del 2021). La paradoja de la recuperación en América Latina y el Caribe Crecimiento con persistentes problemas estructurales: desigualdad, pobreza, poca inversión y baja productividad. Informe especial COVID-19, N° 11. Recuperado de https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/47043/5/S2100379_es.pdf